Te escribo,
solamente,
porque es la mejor forma que tengo para pensarte.

Porque escribir tu nombre
es poder (de)tenerte a manos llenas
de la misma forma que tu nombre dicho
en mi boca es un pez en mar abierto y salado.

Escribirte es hacer de la tinta aceite
que unge la página en vez de ungüento
que abrasa tus cansados músculos.
Son mis versos los tatuajes que habría
querido imprimir en tu piel a besos.

Y vienen a ser, a la larga;
cada coma,
cada punto,
y
cada paréntesis
en este texto

Un recuento imaginario
de cada lunar
en tu cuerpo.